Luego de enojarme con todos en mi casa, dije:
- ¡En esta casa nadie me respeta!
Al rato luego de bañarse, Anita estaba por lavarse los dientes y me pregunta:
- ¿Papá, te puedo respetar mañana?
Esto liberó mi enojo y, por supuesto, con una sonrisa, le contesté:
- Si podés respetarme mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario